Recibir un diagnóstico de cáncer supone un desafío médico y emocional. En medio de exámenes, decisiones terapéuticas y el inicio del tratamiento, muchos hombres se preguntan si la quimioterapia afecta su capacidad de ser padre.
La evidencia científica confirma que algunos tratamientos oncológicos pueden alterar la producción de espermatozoides, su calidad e incluso su material genético. Sin embargo, también existen estrategias eficaces para proteger la salud reproductiva masculina si se actúa antes de iniciar la terapia. Informarse oportunamente permite tomar decisiones alineadas con el proyecto de vida de cada paciente.
La relación entre fertilidad masculina y cáncer
Cuando se habla de fertilidad masculina y cáncer, es importante entender que el impacto sobre la capacidad reproductiva no comienza necesariamente con la quimioterapia. En muchos casos, la propia enfermedad ya puede estar afectando la calidad del semen en el momento del diagnóstico.
Diversos estudios clínicos han demostrado que un porcentaje significativo de hombres jóvenes con cáncer presenta alteraciones en el seminograma incluso antes de iniciar cualquier tratamiento. Esto se ha observado especialmente en pacientes con:
- Cáncer testicular.
- Linfomas.
- Leucemias.
- Tumores sistémicos avanzados.
En el caso del cáncer testicular, por ejemplo, puede existir afectación directa del tejido responsable de producir espermatozoides. Además, algunos tumores pueden alterar el equilibrio hormonal necesario para mantener una espermatogénesis adecuada.
Más allá del tipo de tumor, el organismo atraviesa cambios fisiológicos importantes cuando enfrenta una enfermedad oncológica. Entre los mecanismos que pueden afectar la producción espermática se encuentran:
- Inflamación sistémica, que aumenta el estrés oxidativo y puede dañar el ADN espermático.
- Alteraciones hormonales, especialmente en el eje hipotálamo-hipófisis-testículo.
- Estados febriles prolongados, que impactan directamente en la calidad del semen.
- Estrés metabólico y pérdida de peso significativa, que modifican el entorno endocrino necesario para la función testicular.
¿Cómo actúa la quimioterapia en el organismo?
La quimioterapia actúa destruyendo células que se dividen rápidamente. Aunque esta característica permite atacar las células tumorales, también puede afectar tejidos sanos con alta actividad proliferativa, como las células germinales testiculares.
La producción de espermatozoides, conocida como espermatogénesis, es un proceso continuo que tarda alrededor de 74 días. Cuando los fármacos interfieren en este ciclo, pueden producir:
- Disminución temporal del recuento espermático.
- Alteración de la movilidad y morfología de los espermatozoides.
- Daño genético en el ADN.
Algunos medicamentos, especialmente los agentes alquilantes, presentan mayor potencial de daño testicular. El riesgo dependerá del tipo de fármaco, la dosis acumulada y la combinación con otros tratamientos como la radioterapia.
Disminución del número de espermatozoides
La disminución del número de espermatozoides es uno de los efectos más frecuentes cuando existe afectación testicular asociada al cáncer o a su tratamiento. Clínicamente, esta alteración puede manifestarse como oligozoospermia, cuando el recuento espermático es inferior a los valores de referencia establecidos por la Organización Mundial de la Salud, o como azoospermia, cuando no se detectan espermatozoides en el eyaculado.
En el contexto de la quimioterapia fertilidad masculina, esta reducción se produce porque los fármacos afectan directamente a las células germinales que se dividen rápidamente en los túbulos seminíferos. Al dañarse estas células precursoras, la producción de nuevos espermatozoides se interrumpe parcial o completamente.
Alteración de movilidad y morfología
La movilidad espermática es fundamental para lograr un embarazo natural. Los espermatozoides deben desplazarse adecuadamente a través del tracto reproductivo femenino para alcanzar el óvulo. Cuando se produce una disminución en la movilidad (astenoozoospermia), las probabilidades de fecundación espontánea disminuyen de forma significativa.
La quimioterapia puede afectar la movilidad debido a:
- Daño en la estructura del flagelo (cola del espermatozoide).
- Alteraciones en la producción de energía celular (mitocondrias).
- Incremento del estrés oxidativo.
- Cambios en el plasma seminal.
Por otro lado, la morfología espermática se refiere a la forma y estructura del espermatozoide. Para que pueda fecundar correctamente, debe tener:
- Cabeza ovalada con acrosoma intacto.
- Pieza intermedia funcional.
- Cola larga y bien formada.
Los tratamientos oncológicos pueden generar un aumento de espermatozoides con formas anormales (teratozoospermia). Las alteraciones morfológicas pueden dificultar la penetración del óvulo y afectar la calidad embrionaria.
Fragmentación del ADN espermático
La fragmentación del ADN espermático se refiere a la presencia de roturas o alteraciones en la cadena de ADN contenida en la cabeza del espermatozoide.
Aunque un espermatozoide pueda tener apariencia normal y movilidad adecuada, si su ADN está dañado puede afectar la fecundación, el desarrollo embrionario o incluso aumentar el riesgo de fallo de implantación.
La quimioterapia puede incrementar la fragmentación del ADN debido a:
- Aumento del estrés oxidativo.
- Producción excesiva de radicales libres.
- Daño directo en las células germinales.
- Alteraciones en los mecanismos naturales de reparación celular.
¿La infertilidad es siempre permanente?
Una de las preguntas más frecuentes cuando se aborda la relación entre quimioterapia fertilidad masculina es si el daño reproductivo será definitivo.
La infertilidad tras un tratamiento oncológico puede ser temporal, prolongada o permanente, y su evolución depende de múltiples factores individuales y terapéuticos.
La quimioterapia afecta principalmente a las células germinales que se dividen rápidamente. Sin embargo, el testículo contiene células madre espermatogoniales capaces, en algunos casos, de regenerar la producción espermática una vez finalizado el tratamiento. La capacidad de recuperación dependerá de la magnitud del daño y del esquema terapéutico recibido.
Existen tres posibles escenarios clínicos:
- Recuperación completa de la espermatogénesis, con parámetros seminales dentro de valores normales.
- Recuperación parcial, con disminución persistente en concentración, movilidad o morfología.
- Azoospermia permanente, cuando el daño en las células madre germinales es irreversible.
El tiempo de recuperación también es variable. En algunos hombres, el recuento espermático comienza a mejorar entre 12 y 24 meses después de finalizar la quimioterapia.
En otros casos, la recuperación puede tardar hasta cinco años. Durante este periodo es fundamental realizar controles periódicos mediante seminograma y evaluación hormonal.
Preservación de la fertilidad masculina antes del tratamiento
La preservación de la fertilidad masculina es la estrategia más segura para proteger la posibilidad de paternidad biológica.
Criopreservación de semen
Consiste en congelar muestras seminales antes de iniciar la quimioterapia.
El procedimiento incluye:
- Evaluación médica y seminograma.
- Obtención de una o varias muestras.
- Procesamiento en laboratorio.
- Almacenamiento en nitrógeno líquido a -196 °C.
Los espermatozoides pueden conservarse durante años sin perder viabilidad significativa. Esta técnica permite utilizarlos posteriormente en tratamientos como inseminación artificial o fecundación in vitro.
Extracción y congelación de espermatozoides testiculares (TESE preventiva)
En algunos casos, especialmente cuando el seminograma muestra muy baja concentración espermática o existe sospecha de deterioro acelerado, puede valorarse la extracción directa de espermatozoides del testículo antes de iniciar la quimioterapia.
Este procedimiento, conocido como TESE (Testicular Sperm Extraction), permite obtener espermatozoides directamente del tejido testicular para su posterior criopreservación.
Puede ser una opción cuando:
- El paciente presenta oligozoospermia severa.
- No se logra obtener muestra seminal adecuada.
- Existe riesgo elevado de azoospermia tras el tratamiento.
¿Cuándo intentar un embarazo después de la quimioterapia?
Las guías clínicas recomiendan esperar entre seis y doce meses tras finalizar el tratamiento antes de intentar concebir. Este periodo permite completar un nuevo ciclo de espermatogénesis y disminuir el riesgo de alteraciones genéticas.
Antes de buscar embarazo, es recomendable realizar una evaluación médica que incluya:
- Seminograma actualizado, para conocer concentración, movilidad y morfología.
- Evaluación hormonal (FSH, LH y testosterona).
- En algunos casos, estudio de fragmentación del ADN espermático.
Salud reproductiva masculina e impacto emocional
La relación entre cáncer, quimioterapia y fertilidad masculina no sólo tiene implicancias físicas, sino también emocionales. Para muchos hombres, la posibilidad de ser padre forma parte de su proyecto de vida, por lo que enfrentar un posible riesgo de infertilidad puede generar ansiedad e incertidumbre.
Es frecuente que aparezcan preocupaciones como:
- Miedo a la infertilidad permanente.
- Estrés en la relación de pareja.
- Dudas sobre la masculinidad o la función sexual.
Por eso, el acompañamiento integral es clave. Recibir información clara, asesoramiento temprano en preservación de la fertilidad masculina y apoyo emocional cuando sea necesario permite reducir la incertidumbre y afrontar el tratamiento con mayor tranquilidad, protegiendo tanto la salud física como el bienestar psicológico a largo plazo.
Conclusiones
La quimioterapia puede afectar la fertilidad masculina, pero no en todos los casos de forma permanente. El impacto dependerá del tipo de tratamiento, la dosis y las características individuales del paciente.
La información temprana es clave. La criopreservación de semen antes de iniciar la terapia sigue siendo la herramienta más eficaz para preservar la posibilidad de paternidad biológica. Cuando no se realiza a tiempo, aún pueden existir alternativas médicas que deben evaluarse de forma personalizada.
Superar el cáncer es la prioridad. Pero preservar la capacidad de formar una familia también forma parte del bienestar futuro y merece ser considerado desde el inicio del tratamiento.
Bibliografía
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